Archivo del Autor: ziddicca

Acerca de ziddicca

Somos una periodista y un fotógrafo italianos que viven y trabajan en Barcelona

La risa no se finge

Tras 964 programas Buenafuente echa el cierre.  Aquí ponemos una pequeña selección de imágenes que hice para acompañar el artículo del amigo Joan Foguet publicado hoy en El País:

Termina el programa nocturno que ha entretenido a una audiencia fiel durante siete años, en dos cadenas distintas (Antena 3 y La Sexta), y deja desierta una franja horaria y una manera de entender el humor en televisión. “Lo echaré de menos”, confiesa Andreu Buenafuente. El de esta noche es el último programa de Andreu con el formato de late night, género al que ha aportado frescura y cierto cariz social. Desde hoy, el showman de Reus descansará. A medias, porque tiene la cabeza llena de proyectos (pintura, fotografía, teatro, recuperar el Terrat Pack…). Este humorista perfeccionista se conoce y prefiere tener un tiempo para tomar impulso y renovarse.

“Lo nuevo será un capítulo más de mi carrera. Y será el próximo, no uno anterior”, subraya. No habrá otro late night, formato que quema y con horario demasiado canalla, algo que Andreu mejoraría. Nada es igual a hace seis años, apunta él mismo. Entre líneas da alguna pista, como que le ha gustado dar un “giro social” al programa y que prefiere otro horario. Poco más. ¿El nuevo proyecto será en la misma casa? “Supongo que será en La Sexta”, afirma Buenafuente. La magia de la televisión es para el que se la trabaja. Como dice Andreu: “Esto es un oficio, creo en la artesanía del entretenimiento”.

De lunes a jueves, a primera hora de la mañana entran los primeros guionistas en la sede que tiene la productora El Terrat en Sant Just Desvern (Barcelona). A partir de las 10.00 se suceden múltiples reuniones (de guión, de producción…). En total se han hecho 5.784 reuniones.

Para Oriol Jara, subdirector del programa, trabajar con Andreu Buenafuente es sencillo por “la confianza que deposita en el equipo, que se la devuelve”, y porque “actúa por sentido común”. No hay rastros de divismo en el plató. Durante los ensayos (que se producen sobre las cinco y media de la tarde) se puede comprobar que Andreu Buenafuente es el director del programa, no solo por dar nombre a la franquicia. Él dice que es un programa “personalista”. Manda, también se implica. Controla lo que pasa: pide a los guionistas que cambien parte del enfoque de la entrevista, ayuda a Berto con el final de un gag, y sugiere al realizador que es mejor acabar el programa con la imagen de sí mismo dentro de una nevera. “La gente alucinaría con el nivel de matiz que puedo alcanzar”, admite Andreu. Con calma, con la mirada fija, el showman se mueve decidido por plató. Todo eso mientras bromea con un iluminador o se toma un momento para hablar por teléfono.

La grabación, el falso directo, empieza siempre con la misma canción, pegadiza como pocas: Born to alive de Patrick Hernández. Y arranca el show con un Andreu enérgico: previa, monólogo, todo a gran velocidad. Detrás de las cámaras hay un verdadero hormiguero de gente. Más de 90 personas forman el equipo del programa (11 guionistas y dos coordinadores de guión, entre ellos). Y claro, ellos también se ríen. En este último programa, además había invitados especiales: como Teresa Moreno, la madre de Andreu, que le tiró un poco de las orejas, con todo el cariño maternal.

Ferran Adrià (que también hace un paréntesis) le ofreció un mensaje de apoyo. Y rapeó El Langui, antes del esperado beso entre Andreu y La Niña de Shrek. “Berto Romero es la persona que me da más risa, ya en la vida normal, y es un privilegio tenerle cada tarde”, dice el humorista catalán. El presentador tiene un especial recuerdo para Rodolfo Chikilikuatre y su Chiki-Chiki. También recuerda con cariño la explosión del Neng o las parodias del príncipe Felipe.

Sobre el fin del programa Buenafuente dice comprender a sus fans: “Pienso en el día en que se separó Radio Futura”, recuerda el humorista, pero agrega: “No nos vamos, descansamos para preparar un nuevo proyecto”.

Seguir a Andreu no será difícil, en Twitter tiene casi medio millón de seguidores. En la despedida de este jueves, Buenafuente avisa: “Seguro que volvemos para contar la vida con nariz de payaso”. Pero ahora la noche televisiva se queda sin sonrisa.


mirando hacia el polo norte…


Entrevista a Mauro Cabral

Filósofo argentino y activista trans e intersex. Es codirector de GATE (Global Action for Trans Equality) y miembro del Consorcio Latinoamericano de Trabajo sobre Intersexualidad.

Estadísticamente  en uno de cada 2500 nacimientos se presenta alguna forma de intersexualidad.

Cada vez que nace una niña o un niño cuya anatomía sexual y reproductiva varía del estándar corporal masculino y femenino, su cuerpo está forzado a tratamientos quirúrgico y hormonales para ‘normalizar’ el aspecto de sus genitales. De entre los marcos internacionales sobre Derechos Humanos de momento solo los no-vinculantes Yogyakarta Principles en el principio 18 sobre “Protección contra Abusos Médicos” hace una llamada específica a los estados para que aseguren que “el cuerpo de ninguna criatura sea alterado irreversiblemente por medio de procedimientos medicos que procuren imponerle una identidad de género sin su consentimiento pleno, libre e informado, de acuerdo a su edad y madurez y guiándose por el principio de que en todas las acciones concernientes a niñas y niños se tendrá como principal consideración su interés superior”.

Continuar leyendo


El pastor J y el cuarto poder

No lo nombraré aquí para que no sea un resultado más en los buscadores pero sí, es él, el pastor estadounidense de la iglesia evangélica y de los gestos pirómanos. Ese que finalmente consiguió quemar el Corán como llevava tiempos amenazando que haría.

¿No os parece una noticia relevante??? Pues no seguís las noticias ¿verdad?

De El Mundo, 11 de septiembre 2010 “El corresponsal alemán de RTL, se mostró autocrítico con la función de los periodistas, por el hecho de alimentar a este tipo de “personajes, pero en el momento en que se mete el presidente Obama o Hillary Clinton en la historia, no queda otra alternativa que cubrirlo”.

¿Ah, si? Y ¿cómo han llegado Barak e Hillary a meterse? ¿No será que había salido en muchos medios?

Ahora vuelven a difundir las palabras de mister J, se monta un pollo, mueren más personas (hasta gente ‘importante’ de la ONU) y se difunde más odio e ignorancia, especialmente entre quienes están más vulnerables, claro.

Qué ¿no hay historias más relevantes que contar ese día y cualquier otro, en cualquier rincón de este mundo, que una tan mediocre, tan poco fantasiosa y sobre todo tan peligrosa?

¿O acaso a muchos dueños de los grandes medios les conviene que salga?

Lo digo porque al orden social le ha ido bien el odio de toda la vida y últimamente parece que los medios son, y deberían ser, la oficina de prensa del Gran Hermano…

La historia que en principio fue del amigo J. y que mejor si se hubiera quedado así, es un ejemplo de ejercicio de poder deplorable y poco lungimirante por parte de los medios de comunicación. Un poder que se ejerce consciente e incoscientemente según los intereses, el nivel de vulnerabilidad y de las presiones, el grado de memoria individual del sentido original del oficio, del de desempoderamiento, de empatía y de apatía de  quienes trabajan en los medios .

Siempre más escucho historias de talentuos@s compañer@s periodistas que aunque tenían muchas ganas de aportar nuevos relatos y nuevas angulaciones desde las cuales mirar, sienten que ya no se puede vivir de este oficio, bajo ningún punto de vista ni racional ni emotivo. Y mientras empatizo veo lo necessario que son más que nunca porque lo son otras historias que leer. Están por todas partes.

Drawing by Cristina Zinni


Trash People in the Arctic by HA Schult

HA Schult is the first major environmental artist and has been travelling around the world with his collection of trash people since 1996. They are now installed on the ice at Longyerarbyen, Norway.

The trash people stood on the red square in Moscow, in front of the Egyptian pyramis, the Great Wall in China, as well as on the Piazza del Popolo in Rome and La Grande Arche in Paris, as a mirror image of the trash epoch.

Since autumn 2010 the trash people overwinted in their containers at the shore of Svalbard.
Now they are installed by HA Schult and native helpers on the not any longer eternal ice of Arctic at Longyerarbyen, one of the most inhabited places.

Here, 78º 13′N 15º 33′ E, the trash people try to resist the -35ºC icy arctic storms from March 14 till March 20, 2011.

“The ocean is the largest dumping ground on our planet. The consumers era is compelling its wildest flowers under its surface to blossom. The heart of the oceans beats in the arctic. The pulse of the ocean’s currents is orchestrated by it from there. The Trash People are images of ourselves. We produce trash and we will become trash. Today’s Coca-Cola bottle is the Roman archeologist found of tomorrow”, Ha Schult says.

more pictures here

publication in the Welt am Sonntag and El País


ICHNUSA/3

Continuar leyendo


Blood in the mobile

“Si Nokia descubriera cómo funciona la cadena de proveedores y quién está haciendo qué descubrirían todo tipo de mierda y sería muy caro para ellos”, dice Frank Piasecki Poulsen.”Es mucho más sencillo si no saben, así siempre pueden decir que no sabían nada”. Durante más de un año Poulsen, director de cine danés, intentó ponerse en contacto con Nokia, su compañía telefónica. Quería que ésta le garantizara que no está comprando minerales que financian la guerra en la República Democrática del Congo (RDC), considerada la más sangrienta después de la segunda guerra mundial. En este país de Africa central en los últimos 15 años han muerto más de 5 millones de personas y al menos 300 mil mujeres han sido violadas.

Cuando su productor Mikkel Skov Petersen, de vuelta de un viaje a Tanzania, le habló por primera vez del rumor que había escuhado sobre la relación directa entre nuestros dispositivos electrónicos y la guerra en el este del Congo y le propuso hacer un documental sobre ello, Poulsen no se lo pensó dos veces.

“Es un tema en el que todo el mundo está implicado, ya que tod@s tenemos móviles. Siempre busco historias que puedan hacer que lo que pasa en el tercer mundo sea relevante para el occidente, y éste solo es un ejemplo”, dice. “Se podrían hacer tantas historias sobre como nuestra manera de vivir afecta a la gente de otros lugares del mundo…”.

En Nokia Poulsen no encontró a nadie dispuesto a hablar del tema con él. Lo único que consiguió fue confirmar lo que ya sabía. Hace más de 10 años el mismo rumor que Petersen había escuchado en Tanzania  llegó también al corazón de la mayor empresa mundial de telefonía. “Dicen que es demasiado complicado descubrir exactamente de donde vienen los minerales, principalmente coltán y casiterita, con los que están hechos sus teléfonos”.

Para rodar el documental “Blood in the mobile”, Poulsen viajó cinco veces a la RDC y vio con sus ojos las minas ilegales de donde se extraen los minerales. Escogió las minas de casiterita de la provincia del norte de Kivu, en el este del país. Para entrar y salir de las minas, los jóvenes y niños que allí son explotados tienen que pagar impuestos al ejército o al grupo armado que controla la zona. “Mucha gente no los puede pagar y se queda atrapada allí”.

Los que salen entregan los minerales a “algun hombre de mediana edad” que los lleva a Goma, desde donde salen legalmente a Rwanda, Uganda, al este de Africa, normalmente a Mombasa, y de allí a Malaisia, “donde acaban mezclados con minerales de otros lugares y ya no se puede seguir su rastro”. Entre el usuario que compra un móvil a la Nokia y el lugar de fusión en Malasia hay unos diez estratos en la cadena de proveedores. “Sin embargo entidades y ONGs como la británica Global Witness afirman que no sería tan difícil para Nokia y otras compañías descubrir cómo funciona la cadena de proveedores. “Por ejemplo rehusando comprar productos de los que desconoce el origen o añadiendo en sus contratos la posibilidad de hacer visitas a las instalaciones sin preaviso”. Global Witness es parte de la coalición “Publish what you pay” (publica lo que pagas), a la que pertenecen entre otras Amnesty International y Oxfam y cuyo objetivo es que las compañías mineras, petroleras y de gas estén obligadas a publicar en sus páginas webs el neto de sus impuestos, honorarios y otros pagos como condición para poder aparecer en el listado de la bolsa y de los mercados financieros.

“Cuando yo compro un teléfono, cuánto de ese dinero se gasta en Congo?”, pregunta Poulsen. “De momento casi nada”.

Continuar leyendo


“Los gobiernos occidentales están jugando un papel hipócrita en nuestra región, como siempre”

Nuevo día de protestas en el centro de El Cairo mientras se abre paso el regreso a la normalidad.

Tras dos semanas desde el comienzo de la crisis política en Egipto el presidente Hosni Mubarak, en un intento de buscar fidelidades y apaciguar el descontento,  presidió ayer un Consejo de Ministros que subió de un 15% los sueldos de los funcionarios. Los opositores al régimen aseguran que seguirán ocupando la emblemática plaza Tahrir de la capital hasta la caída del “rey” y la disolución de su parlamento.

La cineasta Amal Ramsis es una de ellos.

¿Cuál es la alternativa viable a Mubarak?

La única alternativa que deseamos es poder tener, por primera vez desde décadas, una vida política democrática y transparente en la que los muchos partidos políticos prohibidos puedan recobrar vida, crecer y ser capaces de ofrecer una alternativa política real sobre la que la gente pueda decidir de manera democrática.
¿Qué opina de la entrada de los Hermanos Musulmanes en las reuniones del Gobierno con la oposición para acabar con la crisis que empezaron el domingo pasado?

Yo creo que los Hermanos Musulmanes decidieron entrar en las negociaciones simplemente para confirmar que no rehúsan el dialogo pero no pienso acepten nada menos de lo que la revolución egipcia esta pidiendo, porque de hacerlo perderían tanto el apoyo de los jóvenes que han estado en la lucha desde sus comienzos como su legitimidad como movimiento político. Además, son el movimiento político que sufriría mas por el fracaso de la revolución porque el gobierno, de quedarse en el poder, los puniría salvajemente.
Ahora esta claro que los protestantes no aceptaran nada menos que el fin de Mubarak y creo que este es el momento para que los Hermanos Musulmanes sean un movimiento legal.

Continuar leyendo


“Se está cuestionando sistemáticamentela la violencia de género a través de una falacia”

Médico forense, desde 2008 Lorente es el Delegado del Gobierno para la Violencia de Género.

En un artículo suyo que salió recientemente en Pikara magazine, titulado “El posmachismo está aquí” usted dice que “La reacción crítica contra la igualdad no es muy diferente a la que antes se ha producido al intentar poner fin a los privilegios de sangre, religión o raza”. ¿Qué privilegios considera usted que tiene por ser hombre hoy en España?

Creo que soy un hombre un poco distinto en este sentido…Desde pequeño, me daba cuenta que por ser hijo del medico de un pueblo rural tenia unas ventajas, pero yo no las quería porque no dependían de mí sino de mi circunstancia. Yo quería ser más yo en el sentido de ser uno mas, poder estar en contacto con mucha mas gente, romper con pautas que se suponen por ser hijo del medico, por ser hombre.

Sin embargo sí que los hombres tienen privilegios, y el fundamental es ser hombre en una sociedad desigual. No es tanto el hecho de conseguir determinadas cuestiones sino que todas están diseñadas para que haya hombres que puedan beneficiarse de ellas. Eso no quiere decir que todos los hombres lo hagan ni que lo puedan hacerlo todo, pero ya de por si es un valor añadido, sobre todo por lo que se refiere al concepto de autoridad como referencia. Cuando he ido a hablar de violencia de género mis palabras tenían más peso y credibilidad que las de muchas mujeres que tenían más experiencia y conocimiento que yo.

No asumir determinados elementos de cuidado, de afecto, de preocupaciones de lo mas íntimo, delegarlo todo en la mujer, beneficiarse de ello sin cuestionar nunca porque algo de eso no funcione, me parece una injusticia social que no debemos permitir ni como sociedad ni como hombres. No debe haber ninguna situación en la que el hombre no se tenga que responsabilizar por el simple hecho de serlo.

Continuar leyendo


Crónicas desde Juárez

Ciudad Juárez ha cerrado el 2010 con más de 3000 muertes violentas. La tasa de homicidios en la ciudad, que colinda con Estados Unidos, aumentó considerablemente en los últimos años hasta ser una de las más altas del mundo desde que se convirtió en 2008 en el escenario de brutales enfrentamientos entre bandas de los cárteles de la droga de Juárez y de Sinaloa. Más de 28.000 personas murieron en todo México en los últimos cuatro años desde que el presidente Felipe Calderón inició una ofensiva contra los cárteles de la droga en diciembre del 2006 enviando en la ciudad 10 mil soldados con el objetivo de cerrar militarmente la puerta al 90 por ciento de la cocaina hacia los EEUU. Según muchos la militarización sería responsable de la multiplicación de la violencia. Entre los principales blancos hay miembros de los carteles enemigos, policías, activistas sociales (la última Susana Chávez, de 36 años, poetisa que pugnaba porque se esclarecieran los famosos crímenes de mujeres en esta frontera, asesinada y mutilada de una mano la semana pasada) y periodistas. Además de la guerra entre carteles en la ciudad reinan corrupción (con policias que redondean unos salarios de hambre protegiendo a los boss), efectos perversos de la delocalización y una realidad urbana degradadísima en una ciudad que tiene un instituto para 500 mil habitantes.

En este entorno trabajan como cronistas y reporteras de investigación en El Diario de Juárez Sandra Rodríguez y Luz del Carmen Sosa, quienes en 2010 recibieron el premio Reporteros del Mundo (creado en memoria de Julio Fuentes y Julio Anguita) por “haber demostrado un extraordinario valor en todos los sentidos, firmando sus crónicas aún a sabiendas de que ponen en riesgo sus vidas” y por ser “firmes defensoras de la libertad de expresión en su país, denunciando la lucha de los cárteles por el control de la droga, los asesinatos indiscriminados de mujeres y el clima general de violencia que se vive en las calles de México”. Ambas aprovecharon la ocasión de la entrega para recordar los homicidios de sus compañeros Armando Rodríguez y Luis Carlos Santiago Orozco, asesinados el 13 de noviembre de 2008 y el 16 de septiembre de 2009, respectivamente,  sin que hasta ahora se hayan clarificado sus casos en los tribunales.

Versión en Inglés

Continuar leyendo


Vacanze romane


 


Nadia

Campesino, granjero, constructor de pozos, aguador, dueño de un taller de bici, ayudante de un mullah y policía religioso ocasional, incluso cocinero un día para un grupo de talibanes. Todo esto ha sido Nadia Ghulam en los diez años en los que fue un chico. La niña contenta con su larga falda que daba vueltas se había ido el día en el que una bomba había alcanzado de lleno su casa de Kabul quemando el 60 por ciento de su cuerpo. Ella tenía entonces ocho años, o por lo menos eso cree.

De esos dos años que pasa medio dentro y medio fuera del hospital, Nadia se acuerda muy poco. “Pero recuerdo a los muyahidín que llegaban a las casas que nos acogían –incluso al hospital- y nos mandaban salir a todos, el dolor de mis heridas, el hecho de no tener casa, el hambre y la voz de las bombas”. Mientras su madre se queda siempre a su lado, sus dos hermanas pequeñas, el hermano mayor y el padre viven con una tía o se buscan la vida. Cuando no tienen casa y Nadia esta fuera del hospital, van a casas de gente, antes familiares, luego desconocidos. O duermen en refugios.

“Es muy curioso, y también un poco triste”, dice entre bocados de melanzane (berenjenas) alla parmigiana que descubro entonces no ser un plato típico sólo de Italia sino también de Afghanistán (donde usan queso de cabra). “Aquí en España leí el diario de Ana Frank. Ella explicaba que era el cumple de no sé quien, que habían hecho un pastel, que lo habían comido…Yo pensaba: Qué fuerte. Porque en guerra no hay pasteles”, dice. “También explicaba que comían mucha verdura y nosotros nunca teníamos”. Continuar leyendo


New Orleans cinco años después

“He nacido en esta ciudad y nunca he querido vivir en otro lugar porque aquí hay todo lo que de verdad cuenta. Comida, música y gente fantástica”, dice Smokey Johnson, batería de Fats Domino en los años 50 y uno de los pilares de la producción de jazz, soul, R&B, funk y blues de Nueva Orleans. Si un huracán hubiera arrasado el 80 por ciento de otra ciudad, quizás muchas personas hubieran decidido reconstruirlo todo en otro lugar, más seguro. Pero en Nueva Orleans las palabras de Smokey Johnson las podría decir cualquiera, y con la misma mirada enamorada y fiel con la que las pronuncia levantando la cabeza para mirar desde su silla de ruedas.

Esta es la ciudad donde es mayor el número de personas que han nacido y muerto en el mismo lugar de todo el país.

Desde hace cinco años “The big easy” (la gran despreocupada, como llaman en Estados Unidos a Nueva Orleans) tiene otro, triste, récord. Entre finales de agosto y los primeros de septiembre de 2005 aquí tuvo lugar la mayor catástrofe natural en la historia de Estados Unidos (hasta el pasado abril, cuando otra, de entidad aún por conocer pero posiblemente mayor, el derrame de petróleo de BP, golpeó la misma zona). Un quinto de la población (125 mil personas, mayoritariamente afroaméricanas) nunca ha vuelto.

Cuando, en la mañana del 28 de agosto de 2005, el entonces alcalde de Nueva Orleans, Ray Nagin, ordenó a toda la población ciudadana que evacuara, Omar Casimire, 62 años, pintor local, pensó que su deber de ciudadano era quedarse y ver lo que pasaría. Cogió una cámara de fotos, bolígrafos y una agenda y se trasladó a un hotel en una zona alta de la ciudad. En la mañana del 30 de agosto, cuando el agua desbordada por la ruptura de los diques de protección del Mississipi ya le llegaba al ombligo, Casimire salió hacia el Convention Center, donde había encontrado cobijo unas 15, 20 mil personas. Durante todo el día ayudó a rescatar de sus casas a cualquiera que se encontrara en los ocho kilómetros de recorrido que le separaban de su destinación final. Sólo el día después, tras haber pasado la noche en una iglesia junto con otras 30 personas, Casimire llegó, en el barco de una compañía petrolera, andando y en camioneta, al Convention Center.

“En el camino pasé delante del Superdome –casa del equipo de fútbol Saints, que en la primavera pasada ganó la liga estadounidense- y vi que había millares de personas fuera, tumbadas en el suelo. Así que cuando llegé al Convention Center y me encontré ante el mismo panorama, sin que hubiera ni policía ni nadie de prensa, enseguida me puse a recoger firmas y direcciones de todo el mundo, decidido a denunciar el gobierno”, recuerda. Sin agua ni comida y bajo 40 grados de temperatura, durante tres días y medio Casimire recogió unas 10 mil firmas y contactos, muchas hoy recogidas en formato entrevista en un libro en busca de editor. Las violaciones a mujeres y a niños y el olor a muerte de esos días le marcaron para siempre. Así que cuando, el 4 de septiembre, apareció la guardia nacional y las fuerzas aéreas y trasladaron a todo el mundo“dividendo arbitrariamente familias” hacia otros estados, Casimire llegó en elicóptero a Arkansas. “Nada más aterrizar supe que mi madre, que había llegado allí antes del huracán,  había dejado de comer y se había muerto”, cuenta. “En lugar de denunciar el gobierno decidí entonces poner todas mis fuerzas en construir un monumento conmemorativo a todas las víctimas de Katrina”.

Cinco años después, el proyecto de la fundación “Katrina National Memorial Park”, creada en 2007 –la ciudad aún no tiene un monumento conmemorativo a las victimas del Katrina- pretende convertirse en un museo y centro de investigación (especializados en metereología e historia de los huracanes), observatorio y parque que ofrezcan formación y trabajo a los jóvenes de Nueva Orleans en las artes, la artesanía y la arquitectura del paisaje.

“Make your donation” pide su página web así como las de los numerosos proyectos nacidos durante estos años por toda la ciudad. Los 33 billones de euros de amortiguador económico del gobierno federal y los otros billones de compensaciones en seguros no han podido recuperar las 182 mil casas destruidas por el huracán –de las que 35 mil incluidas en el Registro Nacional de lugares históricos, el número más alto per capita de todo el país- ni reestablecer todas la infraestructura ciudadana.  En barrios como el Ninth Ward, Gentilly o Lake View (de los más golpeados por el huracán), cinco años después aún faltan escuelas, supermercados, bibliotecas y medios de transporte.

La sociedad civil no se ha quedado a mirar. Como setas han aparecido y siguen apareciendo entidades no profit y voluntarios provenientes de todo los rincones del país.

En algunos casos una cosa ha llevado a la otra.

Cuando Oji Alexander, project manager neoyorkino de 36 años, supo que Barnes & Noble, la minorista de libros más grande del país, había creado una organización no profit de urbanización sostenibile para familias de bajos y medios ingresos en Nueva Orleans, le pareció una gran ocasión de echar un cable. En 2008 llegó como voluntario y algunos meses después, cuando debido a la creciente  magnitud de trabajo “Project home again” (PHA) empezó a contratar personal y le propusieron quedarse, no se lo pensó dos veces. En dos años la entidad ha construido 45 casas y está acabando otras 25 para familias de dos a seis personas que perdieron las suyas a causa del huracán y cuyos ingresos anuales no sean inferiores ni superen la media de la zona (entre los 32 y los 70 mil dólares en el caso de núcleos de cuatro personas). Con tanto que tengan la capacidad económica de mantenerlas y pagar el seguro de hogar y el por inundaciones durante todo su estancia, las familias pueden intercambiar propiedas con PHA, sea cual sea su valor en el mercado, y recibir las nuevas casas a coste cero.

Todas las 100 viviendas en total que PHA pretende construir en el barrio de Gentilly, donde se fue a vivir la primera clase media afroamericana a finales de los años 50, están elevadas de casi dos metros del suelo (según ahora impone la ley en la zona), edificadas por arquitectos locales y realizadas con mecanismos (material reciclado de las casas demolidas, aislantes de espuma, deshumidificadores, pinturas bajas en V.O.C.) que hacen que sean un 60% más eficientes desde el punto de vista energético con respecto al estándar local. Sostenibilidad se ha convertido en una de las palabras más escuchadas en una ciudad que antes de Katrina no tenía ni un edificio “verde”.  Y Brad Pitt en el nombre que más se le asocia. En sus tres años de existencia su fundación “Make it right”(MIR) ha construido unas 50 casas (prevé llegar a las 150), todas de diseño moderno y equipadas de paneles solares, en la parte baja del “Ninth Ward”, barrio pobre afroaméricano.

“Cuando Brad Pitt vino por primera vez a visitar la zona, yo era el único habitante de toda la calle”, explica Robert Green, 55 años, indicando el punto, ahora vacío, donde entonces se encontraba la rulot de FEMA (Federal Emergency Management Agency) en la que vivió hasta hace poco. “Yo le di toda la información que tenía sobre los que habían sido mis vecinos y contacté con todos los que pude para explicarles el proyecto”. Para poderse apuntar las personas tenían necesariamente que vivir en el barrio antes del huracán. Según el “Green Building Council” norteamericano la comunidad de MIR se ha convertido en el mayor barrio verde de viviendas mono familiares de todo el país.

La vieja casa de Eva y Brenda Lewis, respectivamente de 72 y 64 años, algunas calles más allá, era poco más que una rulot de aluminio, hoy marchita y encogida como una lata para tirar. Como muchas en el barrio todavía llev una X pintada en la portal que atestigua el día –en muchos casos semanas después del huracán- en que la policía pasó a controlar si quedaban personas o animales por rescatar. Mientras enseñan la vivienda que ocupan desde el marzo pasado (que les llegó dotada de parquet, lavadora, secadora, microondas junto con un maquinario que controla sus gastos energéticos), las caras de ambas recuerdan a las de dos niñas que acaban de aterrizar en un parque de atracciones.

El gobierno federal les dio 120 mil euros por los daños subidos y con lo que les quedó de los 107 que gastaron para su nueva casa podrán pagar durante siete años el seguro de hogar, que incluye el panel solar instalado en el techo. Para ellas “el huracán ha sido lo mejor que podía pasar”.

La posibilidad de poder reconstruir, y mejor, no solo una ciudad sino una comunidad. Esto sin duda ha significado para mucha gente el Katrina.

Y también la posibilidad de visibilizar el malgobierno local, como demuestra la sentencia del juez federal que el pasado mes de noviembre estableció que gran parte de la inundación post-Katrina fue el resultado de la negligencia del Army Corps of Engineers, entidad federal, en la gestión y manutención del canal de navegación Mississipi River Gulf Outlet (MRGO). “La misma construcción del canal ha alterado el equilibrio ecológico de la zona y removido barreras naturales fundamentales contra las inundaciones como son los pantanos”, no se cansa de repetir Amanda Moore del National Wildlife Federation.

“Además, las compañías petroleras y las de gas han hecho su parte en dragar canales y construir ductos por los pantanos costeros de Lousiana, así que entre la construcción, el mantenimiento y la consiguiente intrusión de agua salada en los pantanos somos hoy una comunidad mucho más vulnerable a que se den eventos como el Katrina y más predispuestos a un impacto devastador ante otros como el recién derrame de petróleo”. El ritmo de extinción de los pantanos de la zona corresponde a un campo de fútbol cada 38 segundos. El juez, sin embargo, no ha concluido que la ruptura de los diques fuera causada por un defecto en la construcción sino únicamente en la manutención de los canales, por lo que la sentencia constituye un precedente sólo para los 80 mil habitantes de las dos zonas del Ninth Ward y San Bernardo –que ahora podrán pedir compensaciones- y no para los habitantes de la ciudad. Cinco años después sólo una parte de los diques de protección del Mississipi han sido reconstruidos. Lo que sí ahora la ciudad tiene es un plan de evacuación sistematizado diseñado para quienes no se puedan mover solos o no tengan como, dos de las condiciones que más se dieron durante el Katrina y que, entonces, no fueron tomadas en cuenta.

Como en La Peste de Albert Camus, ante una gran tragedia colectiva puede salir lo mejor pero también lo peor del ser humano. A menudo, ambas cosas. Y Katrina significó también la posibilidad de desahogar el odio, la violencia racial (estos dias el Departamento de Justicia esta llevando a cabo diversas investigaciones por violaciones de los derechos civiles y asesinato en los días post Katrina que ven involucrados a civiles y a policias) y la discriminación desde siempre presentes en la ciudad. Es del pasado mes de agosto la sentencia de otro juez federal contra Road Home, hasta ahora la mayor subvención federal para la reconstrucción, por discriminación hacia la propietarios afroaméricanos al calcular las ayudas utilizando los valores de las viviendas de antes del Katrina. Las viviendas de los barrios mayoritariamente “negros” tienden a venderse por menos que sus equivalentes por condiciones en zonas mayoritariamente “blancos”. No obstante, la sentencia no impone el recálculo de las subvenciones ya concedidas en cuatro anos a casi 128 mil propietarios.

Para otros, como Henry, taxista de 69 años, en cambio, el Katrina simplemente no representó una oportunidad. Además de perder a su hermana Henry, que vive con sus 10 hijos en el Ninth Ward, paga hoy casi el doble de alquiler –sin contrato- de lo que pagaba hace cinco años. Según alega su dueño la razón son los altos costes que tuvo que sostener para arreglar el edificio. Tras pagar la renta a Henry cada mes le quedan 400 euros.

La nueva casa de Robert Green está construida en el mismo terreno donde se levantaba la vieja, como recuerdan los tres escalones que ha querido dejar en memoria de lo que pasó. Para él, que en el Katrina perdió a su madre y a su nieta “esa fue una experiencia horrible, pero hicimos lo mejor que pudimos para convertirla en algo bueno”.

La vieja casa de las hermanas Lewis, algunas calles mas allá, aun lleva en el portal la X que la policía dejó semanas después del huracán, cuando fue a averiguar si quedaban personas o animales por rescatar. Toda la calle está llena. Según el Greater New Orleans data center, un grupo de investigación no-profit, más de 50.000 viviendas del núcleo urbano –alrededor del 27 por ciento- aun están vacías, la proporción mas alta que la de cualquier otra ciudad del país. La luchas, a menudo perdidas, de los propietarios con las compañías de seguro, la falta o pérdida de documentos que atestiguaran la propiedad –especialmente para las viviendas heredadas- y la oleada de contratistas fraudulentos que llegaron en la ciudad después de Katrina son todos elementos que influyeron significativamente en el fenómeno del “blighted houses” (casas vacías).

De las entre 1500 y 1800 personas que murieron y de las alrededor de 125 mil (un quinto de la población a principios de 2005) que no ha vuelto, muchas eran personas mayores que vivían en el Ninth Ward. Su falta convirtió en un barrio fantasma a la que desde siempre había sido la cuna de la música ciudadana. No podían que ser dos reconocidos músicos locales quienes crearan un proyecto que fuera a la vez de reconstrucción y encuentro de artistas y sonidos. El “Musicians’s Village”, concebido por Harry Connick Jr. y Branford Marsalis y parte de la organización cristiana no profit Habitat for Humanity, es un conjunto de 72 coloridas casas donde, a partir del 2006, empezaron a mudarse músicos de todos los barrios de Nueva Orleans.  En su corazón se está levantando el centro de música dedicado al padre de Branford Marsalis, Ellis, jazzista como su hijo.  Cuando acaben las obras el centro, que pretende servir tanto de escuela como de espacio para conciertos, estará abierto a toda la ciudadanía.

“Vine a vivir aquí por la fantasía de que la música que hagamos refleje una manera de vivir”, dice Fredy Omar, hondureño de 40 años, desde 18 en la ciudad y el primer músico en presentarse para el voluntariado de 350 horas en la construcción de las viviendas que constituye el requisito mínimo para acceder al “village”.

La idea que su arte sea una extensión de su comunidad está muy arraigada también en Rashida Ferdinand, 35 años, artista ceramista nacida en el Ninth Ward.

Gracias a dinero público tras el huracán Ferdinand pudo no sólo reconstruir sino ampliar su casa. Después fundó la organización Lower Ninth Ward Council for Arts and Sustainability, que además de proyectos de educación nutricional tanto en escuelas como en espacios públicos –en un barrio donde no se pueden encontrar productos frescos- trabaja para la rehabilitación de la escuela primaria del barrio quel lleva el nombre de la mayor de las estrellas ciudadana de todos los tiempos, Louis Armstrong.

El edificio, del 1930, aún lleva los anuncios de ese principio de curso de 2005 que nunca se llevó a cabo. Lo que no pudo el huracán y las inundaciones lo terminaron quienes durante estos años ha ido robando todo lo que se podía vender, en primer lugar acero y láminas de los tejados. Mientras pasea teniendo cuidado a donde pone los pies, Ferdinand va indicando qué vería en cada sitio. Allá un taller de cerámica, allá uno de estampa digital, al fondo un teatro para los grupos locales “que no tienen donde ensayar”, y después un espacio para exhibiciones también sobre la historia y la cultura del barrio y, porqué no, un café y una tienda de regalos. El patio de cemento, si encontrara financiación, Ferdinand lo sustituiría enseguida con un jardín botánico. En el barrio, donde viven unas 1800 personas, sólo hay una escuela pública abierta.

Como el 90 por ciento de las escuelas públicas de la ciudad el Louis Armstrong depende hoy del “Recovery School District” (RSD, distrito de recuperación escolar),  que no tiene intención de reabrirla por no adecuarse desde un punto de vista estructural a lo estándares estatales de seguridad.

El RSD de Nueva Orleans nació en 2003 para intentar, desde el esfuerzo estatal (en Estados Unidos el sistema escolar es normalmente administrado a nivel local), recuperar aquellas escuelas consideradas “académicamente inaceptables” por el estado . En Nueva Orleans, donde a partir de la Ley de Derechos Civile anti segregación escolar de 1964 las familias “blancas” empezaron a sacar sus hijos de las escuelas públicas para que no se mezclaran con los “negros” hasta convertirlas en entornos poblados casi exclusivamente por afroamericanos pobres, las “aceptables” no llegaban al diez por ciento.  Antes de Katrina sólo cinco escuelas pertenecientes al restante 90 por ciento habían abierto sus puertas bajo el nuevo sistema, que incluye escuelas “normales” y “charter” (subvencionadas y administradas también por entidades privadas o no profit, desde universidades hasta filántropos). Las segundas son sin duda la gran novedad que está revolucionando el sistema escolar de la zona.

“Katrina fue la oportunidad de acelerar el cambio que la escuela pública necesitaba y de responder mejor a las necesidades de los estudiantes”, dice Kristen Lozada, directora operativa del New Orleans College Prep., una de las 37 charters abiertas en la ciudad. “El 80 por ciento de nuestros estudiantes están por lo menos dos años atrasados desde el punto de vista académico. Ahora podemos juntar alumnos por su nivel y aceptar gente de todos los barrios de la ciudad y no, como solía ser, sólo del donde viven”, explica. “Es la primera vez que estos chavales sienten que tienen éxito”. Las cifras parecen confirmarlo. El 59 por ciento de los alumnos del sistema público están hoy en escuelas en línea con los estándares de calidad del estado (en 2004 eran el 28 por ciento). Los números positivos se constatan también en otros dos ámbitos claves de la ciudad. El turismo y la criminalidad. En el primer caso destaca la proliferación de restaurantes, que han pasado de 800 antes del Katrina a los 1100 actuales. Contemporaneamente el número de los crímenes ha pasado de un total de casi 29 mil en 2004 a casi 16 mil el año pasado. Si es verdad que hay menos gente que antes, lo mismo es verdadero para el cuerpo policial, que ha perdido 3000 oficiales. Lejanos son los tiempos del hurrication, cuando la llegada del huracán significaba descanso del trabajo, barbecues a la luz de las velas y el miedo era un sentimiento para pocos. Cada uno desde entonces ha perdido o ganado algo. Pero la voluntad de ser parte, activa, de la ciudad donde “cada día es fiesta” como la define Fredy Omar y “donde cualquiera puede ser lo quiere ser” como dice Ferdinand es tan fuerte y tan contagiosa que no hay Katrina que pueda con ella.

publicación en L’Unitá

Continuar leyendo


Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.