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Los mil colores de Piazza Vittorio

En busca de una Italia donde inmigración no fuera sinónimo de exclusión, donde poder entender otras experiencias de convivencia además de las ya tristemente conocidas, y bien representadas, por los recientes hechos de Rosarno, acabamos en Piazza Vittorio.

En el último barrio de la capital por número de crímenes per cápita, el Esquilino, a pocos pasos de la estación de Termini, basta con pisar la plaza cuadrada rodeada por los pórticos del arquitecto Gaetano Koch para sentirse como si se estuviera de viaje.

El parque que ocupa su centro por la mañana es el punto de encuentro de coreanos, latinoamericanos, filipinos, rumanos, chinos, sikhs. A la tarde los chavales chinos juegan a básquet con los italianos mientras en la otra punta, en el tiovivo que dirige con un clic Santa, de Sri Lanka, 32 años (desde hace 10 en Italia), en cada ronda los sillones están ocupados por niños de una nacionalidad diferente, mientras sus mamás siguen charlando.

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Paris, je t’aime

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Berlin, ich liebe dich

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sombra

 


Much ado about nothing

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Alrededor de las cinco de la tarde de ayer un equipo conjunto de Mossos d’Esquadra y policía portuaria llevó a cabo una redada contra un grupo de manteros delante del Palau del Mar de la Barceloneta. La elección de la hora y del sitio, junto con la magnitud del despliegue (había por lo menos cinco camionetas y más agentes que manteros) hace pensar que se trate de ese tipo de acciones que han de servir de ejemplo y que demuestran qué bien que se resuelven las cosa. Sin embargo al escuchar los comentarios de los transeúntes boquiabiertos, que abucheaban a los agentes con frases como“esta gente no molesta a nadie” o “ir a buscar a los que roban”, daría por pensar que igual convendría, la próxima vez, hacer algo realmente útil.

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migas de Mercè…


ICHNUSA

 


A L’Aquila contro il G8

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CUENTOS CHINOS

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¿Los chinos de Mataró? Estoy de acuerdo con la inmensa mayoría de la población biempensante: en España hay que cumplir las leyes españolas, son intolerables las condiciones laborales de los talleres clandestinos, etcétera.

Sin embargo, deberíamos dejar de hablar de “mafias chinas”, o hablar también de “mafias españolas”, cuando nos referimos a estas cosas. ¿Qué es una mafia china? ¿Un grupo de empresarios que explota a inmigrantes clandestinos y no cumple la ley? Vale. De eso, en España, a montones. Ignoro qué hacen las “mafias chinas” cuando un trabajador se corta un brazo. Quizá, como las “mafias españolas”, tiran el brazo a la basura y dejan al trabajador en la calle. Ése es un punto que no ha quedado claro y que los periodistas deberíamos investigar: tal vez los chinos estén integrándose más deprisa de lo que pensamos.

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También podrían evitar las autoridades montar este tipo de espectáculo policial. La macrorredada de Mataró ha servido para dejar en la calle y cabreados a cientos de chinos, y no sé si para algo más.

Ya que hablamos de esto, convendría que supiéramos callarnos antes de pronunciar las palabras competencia desleal. Si un empresario español fabrica en España los mismos productos que se fabrican en China, o los que fabrican en España los talleres chinos clandestinos, no sólo merece pagar todos los impuestos que paga: habría que aplicarle, además, un impuesto especial sobre la estulticia. Y aplicárselo rápidamente, porque su empresa tiene los días contados. ¿Es injusto, dicen? Sí, el mundo es muy injusto. Para más información, hay que dirigirse a los cuatro millones de parados, tirando a cinco, que hay en este país.

Quiero decir con esto que seguiremos comprando productos chinos, fabricados en China o fabricados en España.

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No estaría de más matizar un poco cuando, como yo mismo he hecho antes, calificamos de “intolerables” las condiciones de trabajo en esos talleres de Mataró. También era bastante intolerable la situación de los millones de inmigrantes españoles que financiaron desde el extranjero el “milagro económico” franquista, y las agotadoras jornadas de pluriempleo y servidumbre que soportaron nuestros padres para que nosotros tuviéramos la opción de vivir mejor que ellos. Tolerable es lo que cada cual tolera. Usemos los calificativos legal e ilegal, suficientes para definir estos asuntos.

Otra cosa: es bastante normal, como nuevos ricos que somos gracias a las subvenciones europeas, que procuremos olvidar nuestro pasado reciente e intentemos considerar “normal” el Estado de bienestar de que disfrutamos. Pero no es normal. La legislación social europea es una excepción, una extraordinaria conquista favorecida por la existencia de la URSS y de la alternativa (teórica) comunista. No es exportable y, hoy por hoy, existen dudas razonables sobre si será sostenible a medio plazo. Es una rareza maravillosa. Visto desde fuera, el Estado de bienestar europeo aparece raro, muy raro.

A finales del siglo XIX y principios del XX, los pogromos en el este de Europa lanzaron sobre los países occidentales sucesivas oleadas de inmigración judía. En Londres, por poner un ejemplo, se levantó un clamor contra aquellos desgraciados que se hacinaban en Whitechapel, trabajaban por casi nada en los muelles y los mataderos, y reventaban las modestísimas conquistas laborales (la abolición del trabajo infantil en las minas, por citar una de ellas) de los obreros ingleses. Esos judíos, en cuestión de décadas, transformaron Londres en una próspera ciudad de servicios, mientras la industria autóctona se desvanecía en la nada.

Como los catalanes no somos hipócritas, cuento con ver formidables operaciones policiales en las explotaciones agrarias: dicen que en ellas, a veces, los inmigrantes trabajan también por debajo de la ley (y con patronos subvencionados desde Bruselas). Cuento con ver también macrorredadas en las que aparezcan centenares de becarios de 35 y 40 años, y que los empresarios que les explotan acaben delante de un juez.

Y espero que la realidad, la puñetera realidad, no se nos lleve a todos por delante.

Articulo de Enric González publicado en El País del 24/06/2009

En la primera foto, Liu Li (50 años) recibió un trompazo que le partió la ceja cuando 16 Mossos irrumpieron en el taller donde trabaja y vive.


LAS FLORES DE BADIA

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“Aqui perdí yo la verguenza”, dice Arantxa, 15 años, estudiante de un IES de Badia del Vallès, ciudad dormitorio, hecha construir por Franco, a media hora de Barcelona. “Yo aprendí a respetar los turnos de palabras”, dice un compañero, “Yo que aquí me puedo expresar como quiera -y me desestreso mucho”, añade otro.

Son éstas las opiniones de algunos de los 26 jóvenes de entre 12 y 16 años a los que, cada lunes, Gus y Ali -de la compañía barcelonesa Impacta Teatre- dan talleres de teatro social y del oprimido .

En horario escolar, mientras sus compañeros están sentados en clase, éstos, reunidos en tres grupos (dos IES y un casal de jóvenes del ayuntamiento) hacen juegos teatrales y crean, junto con los dinamizadores, piezas que tratan conflictos que están viviendo, como el bullying o los relacionados al género. La razón de un trato tan especial es que así está considerado por su entorno cada uno de ellos. Algunos tienen trastornos varios y problemas de hiperactividad. Muchos tienen situaciones familiares que decirles complicadas sería un eufemismo, unos cuantos se medican a diario y todos merecieron estar en el taller durante dos horas semanales por falta de autoestima y de capacidad de concentración.”Al principio era imposible hacerles poner de pie”, recuerda Ali.

En uno de los tres grupos, además de una pieza sobre género y violencia directa, se prevé hacer, para fin de curso, un foro abierto al público, donde se intentará encontrar colectivamente y en la acción -en escena- posibles soluciones al conflicto. Es ésta una de las herramientas del Teatro del Oprimido que Impacta -como otros 5 grupos en Catalunya- practican desde hace años. (Para más info www.theatreoftheoppressed.org)

Ayer estuvimos con ellos (junto con nuestro compañero Massimiliano) asistiendo a los tres talleres de Gus y Ali a los respectivos y heterogéneos grupos de chicos y chicas que llevan (dos de ellos – en uno de los institutos y en el casal- desde hace 3 años, y el tercero en el otro instituto) desde el principio de este curso.

“Nos han enseñado que cuando venimos aquí tenemos que dejar nuestra vita afuera y dejar que entre sólo nuestro payaso”, dice Cris, 15 años, protagonista de la pieza sobre género y sexualidad que los jóvenes del casal de Badia -que tras dos años de talleres en el instituto han decidido para éste pedir un espacio al ayuntamiento para poder seguir haciendo teatro con Gus y Ali- estrenarán este jueves 14 en el prestigioso Teatre Lliure de Barcelona como invitados dentro de una muestra anual de institutos de la ciudad condal.
“El teatro es como la vida real, pero comprimida”, explica Mireia, 15 años, desde hace tres  en el grupo del casal. “Además nos ayuda a ver que hay diferentes formas de solucionar los problemas y, cuando salimos a la calle, ahora somos más conscientes de ello”.

Pocos minutos antes, cuando desde los vidrios de la sala llegaban rumores, golpes repetidos en las persianas, sus nombres gritados por compañeros desde el exterior, Mireia y los demás han ido seguidos hasta el final de Su, conmovedora y liberada, historia.

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“Pollo completo” -éste es el nombre del grupo del Casal- durante su estreno en el Teatre Lliure


ABRUZZO, A MONTH LATER

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LA DATZIRA

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La Datzira es una finca agroecológica cerca de Moyà –a poco más de una hora de Barcelona- donde Christian  y un grupo de amigos hacen realidad su sueño de una vida sana y autogestionada por 30 euros al año. O por lo meno durante los primeros ocho años de su permanencia en las 30 hectáreas de terreno que el dueño del área, un noble de la zona, alquiló con un contrato de 45 años a la decena de jóvenes que desde hace casi dos años vive de los frutos de sus cultivos, con la única consigna de cuidarlo.  Ellos, mientras, crian ovejas, cultivan fruta, verduras y “vuelven a las raíces”.


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