Entrevista a Hermann Brugger

Hermann Brugger, profesor asociado de la Universidad de Medicina de Innsbruck, desde hace algunos meses dirige el primer Instituto mundial de Medicina de Emergencia de Montaña, con base en el Academia Europea de Bolzano EURAC, en el corazón de los Alpes. El objetivo del centro es conseguir datos epistemológicos y, a través de la investigación, mejorar la diagnosis y el tratamiento de los casos de emergencia medica en montana y areas remotas.

– ¿Cuando nació la idea de crear un instituto como éste?

– En 1998 y nació de la necesidad de crear un espacio que no existía en ningún otro lugar del mundo. Durante los últimos 10 años trabajé para encontrar el dinero y el lugar adecuado para hacerlo.

-¿Porqué en los Alpes y no en otro lugar?

-Aquí tenemos todo tipo de incidente y accidente posible en el monte ya que hay glaciares, muchísimos escaladores, actividades invernales y muchos turistas durante el verano. Además

aquí es donde encontramos las subvenciones que necesitábamos.

-¿Cuál era el objetivo del experimento que hicieron el mes pasado en Austria utilizando cerdos?

Las dos causas principales de muerte bajo avalancha son asfixia e hipotermia. Nuestra pregunta era cuál de las dos llega primero. Si la hipotermia se desarrolla más rápidamente que la asfixia el pronóstico es bueno pero si es al revés no hay nada que se pueda hacer. Se sabe que casi todas las personas que han sobrevivido bajo la nieve han sido encontradas inconscientes pero no han tenido secuelas. Entonces, aunque parezcan asfixiados en realidad no lo son, ya que de serlo tendrían algún daño cerebral. Esto quiere decir que en realidad no sabemos qué pasa con estos pacientes.

-¿Qué pasó durante el experimento?

Decidimos hacer el test con cerdos porque los experimentos con humanos en hipotermia están prohibidos y son animales muy parecidos a nosotros. Además había una larga experiencia de experimentos con cerdos en hipotermia. La prueba consiguió la aprobación del Ministerio Austriaco de Ciencia e Innovación y teníamos una planificación rigurosa del estudio, gracias a la cual llevamos a cabo sin problemas ocho pruebas. Sin embargo debido a la mala imagen que dio la prensa del experimento la población austriaca se nos echo en contra y tuvimos que interrumpirlo, y esto a pesar de que los cerdos no sufrieran en absoluto.

Pero 29 de ellos murieron, ¿no?

-En las pruebas en animales nunca hay recuperación tras la anestesia, es un procedimiento ordinario y desafortunadamente no disponemos de otros sujetos para examinar. El tema es que el asunto es tan importante para la supervivencia de las victimas de avalancha que teníamos que hacerlo.

Es una lastima muy grande que tuviéremos que acabarlo prematuramente porque, de haberlo completado, se podrian haber salvado muchas vidas

– ¿Cómo?

Solo en los Alpes cada invierno perdemos alrededor de cien personas, mayoritariamente esquiadores jóvenes y sanos. Si supiéramos qué problema ocurre primero podríamos dar las recomendaciones adecuadas a los doctores. Generalmente en cada avalancha hay cuatro o cinco víctimas y los médicos necesitarían saber a quién deberían salvar primero. Puede pasar que algunos pacientes parezcan muertos pero podrían volver a entrar en calor sin problemas. El tema es que para que esto pase hay que usar unas máquinas caras y complejas (bypass cardiopulmonar) y llevarlos al hospital, lo cual se hace sólo si hay algo de probabilidad de que sobrevivan, o sea exclusivamente si la hipotermia llega antes. Si, en cambio, es la asfixia la que se desarrolla más rápidamente, después de media hora no hay nada que se pueda hacer y se pueden parar los intentos en el mismo lugar de los eventos.

¿Pudieron conseguir algunos de los objetivos del experimento?

-Todavía no hemos calculado los resultados de las ocho pruebas, pero esperamos poder por lo menos dar algunas pistas sobre la pregunta básica que nos hicimos.

– ¿Porqué cree que a nadie antes se le había ocurrido crear un instituto como éste?

– La nuestra es un área de investigación muy pequeña, en la que hay poquísimos profesionales en todo el mundo. Durante los últimos 20 años he conseguido crear una red de investigadores entre Europa, América del Norte e incluso Latinoamérica y el sureste asiático que me ha permitido crear este instituto sin tener que contar con mucho dinero. Puede que esto no hubiera sido posible antes.

-¿De dónde reciben subvenciones?

-Un 45 por ciento de nuestro presupuesto viene del gobierno local y lo demás de instituciones privadas, como EURAC, donde tenemos nuestra sede.

-¿Cómo se coordinan con la Universidad Médica de Innsbruck y con otras instituciones?

– Cooperamos en diferentes proyectos, como en el caso del experimento con credos, y además trabajamos con la Comisión Internacional de Medicina de Emergencia de Montaña, la Sociedad Internacional de Medicina de Montaña y la Comisión Médica UIAA The International Commission for Mountain Emergency Medicine, the International Society of Mountain Medicine and the UIAA medical commission ENLACES

-¿Usted ha sido antes doctor y después amante de la montaña o al revés?
– Empecé a escalar cuando era joven. Luego, cuando estudiaba  para ser doctor me hice miembro del equipo de rescate en la montaña aquí en el Tyrol del Sur. Fue entonces cuando comencé a ocuparme de los asuntos en los que trabajo activamente en el Instituto.

On October 2009, The European Academy of Bolzano (EURAC) established the new Institute of Mountain Emergency Medicine with Hermann Brugger, MD, Associate Professor at the Innsbruck Medical University/Austria, at its head. The Institute is the first to be solely dedicated to Mountain Emergency Medicine, an area of specialisation in Emergency Medicine established in Europe and North America over the last twenty years. The Institute aims at acquiring epidemiological data, and through research improve the diagnosis and on-site treatment of medical emergencies in mountain and remote areas.
The long-term ambition of EURAC is to raise Mountain Emergency Medicine to a scientific, evidence-based level comparable to other medical disciplines.

When was the idea of creating the Institute born?

Hermann Brugger: The idea started in 1998 out of the necessity to have such an institute, which at the time didn’t exist anywhere in the world. For the past ten years, we have been dealing with the questions of where to locate the institute and where to get funding for it.

Why did you opt for the Alps and not elsewhere?

H.B.: In the Alps you have every possible kind of mountain incident and accident: there are glaciers, many rock climbers, winter activities and many tourists in the summertime. It’s also where we found the necessary funding.

Can you tell me about the purpose of the experiment with pigs you did in Austria this past January?

H.B.: It’s a quite long story. The two main causes of death for someone buried under an avalanche are asphyxia and hypothermia, but we still don’t know which one comes first. If hypothermia develops quicker than asphyxia, the prognosis is good, but if it’s the other way around, there’s nothing to be done. We know that nearly everyone who has survived under the snow has been found unconscious but with no serious after-effects. So they appear to be asphyxiated, but they’re not, otherwise they would have brain damage. So we really don’t know what happens to these patients.

What happened during the experiment?

H.B.: First of all, we decided to do tests on pigs because human tests in hypothermic subjects are forbidden, and physiologically pigs are pretty similar to us. Besides, there was a long prior history of hypothermia testing on pigs. The experiment was completely approved by the Austrian Ministry of Science and Research, and we did an extremely accurate planning of the study. We carried out eight tests without any problem. But then the media caught wind of what we were doing and reported it in a very negative way. There was an outcry in Austria from people who were against this study, even though we were certain that the pigs would not suffer.

But 29 pigs died, right?

H.B.: Yes, in animal testing it is always so: they never recover if they’ve been anaesthetized. It’s a standard procedure, and unfortunately there was no other subject we could test with. The question is so important for the survival of avalanche victims that we had to do this testing. It’s really a great pity that we had to stop the testing prematurely because we could save many lives if we complete it.

How?

H.B.: Every winter in the Alps alone we lose about a hundred skiers—most of them healthy and young. If we knew which problems come first, we could give the right recommendations to the doctors. Most of the time you have four or five victims in an avalanche, and doctors need to know who to rescue first. It could happen that some of the victims may appear to be dead, yet can be revived successfully. But to do this you have to use complicated and expensive machines—for example, heart-lung machines through extra-corporeal circulation—then bring them to the hospital. So you should only do it if there’s a reasonable chance of survival, and only if hypothermia comes first. In the other case, if asphyxia develops faster, and if after thirty minutes there’s no way of saving them, you can stop resuscitation right there on the scene.

Did you achieve any of your objectives?

H.B.: We still haven’t completed the analysis of the eight cases we managed to study, but we are hoping that we can lay the groundwork to answer our basic research question.

Why do you think you are the first ones to get an institute of this kind?

H.B.: This is a very small area of research and there are very few researchers working on it throughout the world. The last 20 years were spent creating a network of researchers in Europe, North America, as well as South America and Southeast Asia that has helped me to create this institute without large amounts of money. Perhaps it wasn’t possible to do this previously.

Where do you get the funding?

H.B.: We have mixed funding from local government—around 45 percent—and private institutions, such as EURAC, where we are currently based.

How do you co-ordinate with the InnsbruckMedicalUniversity and other institutions?

H.B.: We cooperate in different projects, such as the experiment with pigs, and we also work with the International Commission for Mountain Emergency Medicine, the International Society of Mountain Medicine and the UIAA Medical Commission.

Were you first a doctor and then a mountain lover or the other way round?

H.B.: I started climbing when I was young. Then when I started studying to be a doctor, I became a member of the mountain rescue team here in South Tyrol. That’s then when I started dealing with all the issues I actively work on now in the Institute.

Translation edited by Peter Farbridge

Anuncios