Crónicas desde Juárez

Ciudad Juárez ha cerrado el 2010 con más de 3000 muertes violentas. La tasa de homicidios en la ciudad, que colinda con Estados Unidos, aumentó considerablemente en los últimos años hasta ser una de las más altas del mundo desde que se convirtió en 2008 en el escenario de brutales enfrentamientos entre bandas de los cárteles de la droga de Juárez y de Sinaloa. Más de 28.000 personas murieron en todo México en los últimos cuatro años desde que el presidente Felipe Calderón inició una ofensiva contra los cárteles de la droga en diciembre del 2006 enviando en la ciudad 10 mil soldados con el objetivo de cerrar militarmente la puerta al 90 por ciento de la cocaina hacia los EEUU. Según muchos la militarización sería responsable de la multiplicación de la violencia. Entre los principales blancos hay miembros de los carteles enemigos, policías, activistas sociales (la última Susana Chávez, de 36 años, poetisa que pugnaba porque se esclarecieran los famosos crímenes de mujeres en esta frontera, asesinada y mutilada de una mano la semana pasada) y periodistas. Además de la guerra entre carteles en la ciudad reinan corrupción (con policias que redondean unos salarios de hambre protegiendo a los boss), efectos perversos de la delocalización y una realidad urbana degradadísima en una ciudad que tiene un instituto para 500 mil habitantes.

En este entorno trabajan como cronistas y reporteras de investigación en El Diario de Juárez Sandra Rodríguez y Luz del Carmen Sosa, quienes en 2010 recibieron el premio Reporteros del Mundo (creado en memoria de Julio Fuentes y Julio Anguita) por “haber demostrado un extraordinario valor en todos los sentidos, firmando sus crónicas aún a sabiendas de que ponen en riesgo sus vidas” y por ser “firmes defensoras de la libertad de expresión en su país, denunciando la lucha de los cárteles por el control de la droga, los asesinatos indiscriminados de mujeres y el clima general de violencia que se vive en las calles de México”. Ambas aprovecharon la ocasión de la entrega para recordar los homicidios de sus compañeros Armando Rodríguez y Luis Carlos Santiago Orozco, asesinados el 13 de noviembre de 2008 y el 16 de septiembre de 2009, respectivamente,  sin que hasta ahora se hayan clarificado sus casos en los tribunales.

Versión en Inglés

Sandra Rodríguez, especializada en temas políticos, es también una experta en el tema de los feminicidios de Ciudad Juárez. Desde 1993 fueron asesinadas tras ser violadas, en muchos mutiladas, asfixiadas, golpeadas y cuchilladas unas 989 mujeres (según los datos de la Fiscalía General del Estado y de los archivos de El Diario, 5000 según los de la población local). Cerca de cinco mil son las que permanecen en calidad de desaparecidas.

En Ciudad Juárez se concluye menos del 2 por ciento de las investigaciones policiales y los feminicidos no constituyen una excepción.

Según Sergio Gonzalez, autor de “Huesos en el desierto”, “el móvil general de los feminicidios refiere a un rito homicida de contenido sexual que sirve para cohesionar, fraternizar y garantizar el silencio de quienes pertenecen a su secreto”. ¿Comparte esta opinión? ¿Qué otras posibles explicaciones podrían tener esos delitos?

Creo que cualquier teoría que apunte sólo en una dirección y sin pruebas no hace más que distraer la atención sobre una serie de factores sociales, políticos (de corrupción) y económicos que confluyeron para que las mujeres (y toda la población) quedaran en tan altísimo grado de riesgo: trabajaban para empresas trasnacionales cuya llegada a Juárez nunca estuvo acompañada de algún grado de inversión en su bienestar humano. Ni a las maquilas ni a los gobiernos locales les interesó nunca saber cómo vivían esas mujeres obreras. Así, éstas, por ejemplo, salían de trabajar de madrugada y duraban horas solas en unidades de transporte público, con hombres que probablemente consumían alcohol o alguna otra droga y que, si les daba gana, las podían seguir por las calles obscuras de la ciudad. Luego empezaron a matar a una, a otra, y a otra y a otra, sin que nadie hiciera algo al respecto ni castigara de manera mínimamente creíble, por lo que luego fueron decenas, cientos de personas, hasta los miles que tenemos ahora.  Es decir, desde entonces y hasta ahora, hay todo un ambiente propicio para que, quien quiera, cometa el delito que quiera, porque no hay ni ha habido seguridad para nadie. La total y absoluta falta de investigación oficial es la que ha permitido la creación de todo tipo de versiones.

Si la militarización es responsable de la escalada de violencia en la ciudad, ¿qué otro tipo de medida para combatir el narcotráfico seria más eficaz en su opinión?

Yo empezaría por cuestionar la viabilidad de la lucha contra el narcotráfico en sí misma. Es muy difícil erradicar de la faz del mundo un negocio cuyos productos tienen tanta demanda.

Lo que evidentemente hay que combatir es la impunidad y la corrupción que han permitido que quienes se dedican a este negocio que opera desde la ilegalidad ahora tengan el control total de este país. Y, por supuesto, las causas sociales que han orillado a millones de personas a preferir este negocio, entre las cuales impera la pobreza y la desigualdad social por encima de todo.

Para usted ¿qué es indispensable para ser una buena periodista?

Sobre todo, un cierto compromiso por el bien común. Si no se es capaz de sentir empatía por los demás, indignación ante la injusticia y el abuso, creo que sería difícil aplicar también compromiso con el trabajo.

¿Por qué y para qué vale la pena arriesgar la vida por garantizar el derecho a la información?,

En realidad creo que “arriesgar la vida” no es una decisión que uno como reportero o reportera en Juárez toma de manera específica. La mayoría de nosotros hemos simplemente cumplido con nuestro trabajo de investigar y reportear sobre la mayor cantidad de hechos conforme éstos se han ido presentando, y esta obligación nos es insoslayable a todos en El Diario.

En mi caso trabajar en estos años de violencia extrema ha sido una experiencia, además de un gran impacto personal, no desprovista del apasionamiento propio de estar presenciando hechos históricos, de gran trascendencia local, nacional e internacional. Con otras reporteras y reporteros de México he compartido la idea de que Juárez es una de las mejores ciudades del mundo para reportear y encontrar los fenómenos y expresiones clave de los problemas globales más complejos. Es definitivamente un laboratorio social increíblemente fascinante.

¿Por quienes se siente respaldada en su trabajo?

Por la empresa para la que trabajo, que también ha mostrado confianza en mi trabajo y en mi inteligencia (Ciudad Juárez es una ciudad que, en el otro extremo de los homicidios contra mujeres, tiene una sociedad cada vez más habituada a la capacidad y compromiso de las mujeres con el trabajo). Me siento también profundamente respaldada por mis padres y hermanos quienes siempre han respetado y admirado mi trabajo y por una amplia comunidad de amigos, fuentes de información y lectores que me han distinguido siempre con su apoyo y ayuda. Pero, sobre todo, creo en Dios como mi mayor respaldo en la vida.

¿Hay momentos en los que tiene ganas de renunciar a hacer lo que hace?

De renunciar no. De descansar o de tomar distancia, sí.

¿Qué le da fuerzas para seguir adelante en esos momentos?

Amo lo que hago y donde lo hago.

¿Hay situaciones en las que siente que no se le da la misma credibilidad que si fuera hombre?

En realidad no me he sentido discriminada por ser mujer. Al contrario. En El Diario somos una notoria mayoría de reporteras mujeres que en mucho tenemos grandes responsabilidades. Lo mismo en el resto del gremio local.

¿A qué ha tenido que renunciar para hacer lo que hace?

Pues creo que a tener una vida personal más ordinaria.

¿Hay signos experanzadores para el futuro próximo de la ciudad?

No sé dónde los haya, porque la solución es de todos conocida, pero requiere recursos y compromiso de las autoridades y ninguna ha tenido interés en aplicarla.

¿Qué falta para que los haya?

Se requiere procuración de justicia que solucione el conflicto social causado con tanto homicidio y con tanto delito y que le explique a la sociedad quién mató a quién y porqué, por que si no nunca sabremos a ciencia cierta qué originó este baño de sangre y no podremos aplicar políticas públicas específicamente dirigidas a combatir tanta violencia.

Se requiere que esta procuración de justicia alcance a todos los criminales, incluso a los del gobierno que se han coludido con actividades delincuenciales, y que SIRVA DE EJEMPLO a todos aquellos que quieran abusar del poder. La procuración de justicia es la única que puede hacer funcionar todo el engranaje del sistema de seguridad.

Se requiere, también, una verdadera estrategia multisectorial encaminada a resolver los problemas más evidentes, como el bajo nivel educativo sobre todo. En Juárez casi el 50 por ciento de los adolescentes NO ESTUDIA!!! En pleno siglo XXI y a unos metros del otrora país más poderoso del mundo. Cuál futuro hay para ellos.

En Juárez además no hay una economía diversa a la maquiladora, y ésta sólo ha producido generaciones de familias pobres y descuidadas. Se necesita una verdadera apuesta por la educación y la tecnología para atraer inversiones extranjeras que den trabajos de alto valor agregado y que conviertan a esta ciudad, por ejemplo, en una capital del desarrollo científico… eso sería una solución de fondo.

Se necesitan, además, toda una infraestructura al servicio del cuidado, la seguridad y la dignificación de la población. Guarderías que atiendan a los hijos de las empleadas, hospitales y suficiencia de equipo y médicos, pavimento y parques que mejoren el espacio público, transporte público y una política de densificación urbana que impida la dispersión. Bibliotecas en las que los niños y los adolescentes puedan conocer un mundo diferente al de la delincuencia y la violencia.

Luz del Carmen Sosa ha tomado el lugar de Armando Rodríguez en información policial y de sucesos. El año pasado fue también galardonada con el Premio Internacional de Periodismo Manuel Vázquez Montalbán en la categoría de periodismo cultural y político.

Sosa es una experta en los crímenes relacionados con el narcotráfico y es la única reportera de El Diario que siempre tiene que salir acompañada a cubrir las noticias.

¿Por qué y para qué vale la pena arriesgar la vida por garantizar el derecho a la información?

Precisamente por eso, porque es un derecho ciudadano y la sociedad debe estar debidamente informada. El un ejercicio democrático que debemos defender y preservar.

Para usted ¿qué es indispensable para ser una buena periodista?

El elemento primario es la pasión. Pasión por escribir, por vivir, por ver, por narrar, por estar.

Usted ¿cómo decidió serlo?

Yo decidí ser reportera cuando entré a la universidad.  No terminé la carrera porque me casé y me embaracé (bueno no en ese orden precisamente) y decidí darle prioridad a lo que hacía, (ya era reportera) en vez de mantenerme en las aulas.

¿Por quienes se siente presionada en su trabajo?

Por el tiempo. Se me agota rápidamente, mi día a día es siempre contra reloj. El otro día no tuve tiempo de comer ni de cenar, se me olvidó.

¿Y por quienes se siente respaldada?

La lista es enorme. Mis hijos, mi madre, mis hermanos, mis amigos. Muchas personas a mi alrededor me sostienen.

¿Hay situaciones en las que siente que no se le da la misma credibilidad que si fuera hombre?

Yo no siento una diferencia por ser mujer, aunque regularmente soy la única mujer  en la fuente policíaca como aquí le llamamos. Los compañeros me respetan como su igual, me cuidan y los cuido.

¿Hay momentos en los que tiene ganas de renunciar a hacer lo que hace?

No, nunca he tenido ganas de renunciar. Pero sí he declinado a hacer una nota. Fue la cobertura a los servicios funerarios del caso de Villas de Salvarcar, (a final de enero de 2010, 13 estudiantes que fueron ejecutados y 16 más resultaron lesionados tras una masacre que se registró dentro de una vivienda en la colonia Villas de Salvarcar).

Simplemente no pude, pedí apoyo porque sentí que era demasiado para mi.

¿Qué le da fuerzas para seguir adelante en esos momentos?

Siempre he pensado en que mi trabajo es algo que se tiene que hacer y que yo quiero hacerlo.

¿A qué ha tenido que renunciar para hacer lo que hace?

A nada.

En una entrevista que le hicieron leí que sus hijos (una chica de 16  años y un chico de 19) ya saben lo que tendrían que hacer si le matan y que la chica le llegó  decir “mamá, no me quiero quedar huérfana”. De entrada ¿es verdad? De ser así, ¿Qué es lo que tendrían que hacer si le pasara algo?

Sí, es verdad. Danely derramó unas cuantas lágrimas porque obviamente no me quiere perder, igual que yo a ellos, pero no somos eternos y ellos saben que yo prefiero morir trabajando. Le he pedido a mi hija que no me velen, que sea algo rápido y corto y que ella y su hermano lleven mis cenizas al mirador en San Carlos, Sonora, donde hemos pasado buenas vacaciones y ahí las arrojen. He ido a demasiados funerales y es tortuoso.

No quiero eso para los chicos, prefiero que ellos reanuden su vida de manera normal lo más pronto posible. Si algo hemos aprendido los tres es que la vida es corta y se debe disfrutar al máximo y quiero que así sea para ellos siempre.

En otro artículo reciente de un conocido medio español leí que “Este año no solo se mató más, si no que el narco se pasó al terrorismo y varios coches bomba estallaron en lugares públicos”. ¿A qué se debe en su opinión este cambio de estrategia y cuál es su significado?

Los grupos delictivos han cambiado sus estrategias de manera constante. Pero ahora son más brutales. El objetivo es imponer terror, ridiculizar al gobierno, dar muestras de poder y control (que tienen) y someter a la comunidad.

Si la militarización es responsable de la escalada de violencia en la ciudad, ¿qué otro tipo de medida para combatir el narcotráfico seria más eficaz en su opinión?

Yo no creo que la militarización sea la responsable de la escalada de violencia en la ciudad. Es la impunidad, además de la negativa de las autoridades a actuar realmente contra el narcotráfico. La corrupción, el pleito por el poder entre los partidos políticos, la inacción ciudadana.

Lo ideal es fortalecer el estado de derecho y crear programas efectivos tendientes al rescate del tejido social.

En el famoso editorial sucesivo al asesinato de Luis Carlos (dirigido a los grupos delictivos de la ciudad y titulado “Señores, ¿Qué quieren de nosotros?”) se lee “En Ciudad Juárez hemos llegado a un punto en el que es necesario –y urgente- adoptar otro tipo de medidas para obligar a las autoridades establecidas por ley a ofrecer respuestas mas contundentes, porque la capacidad de tolerancia de tantos ciudadanos dolidos ha rebasado ya sus limites”. ¿Qué otro tipo de medidas es viable en su opinión adoptar y cómo?

La reintegración familiar, la adopción de la cultura de la legalidad de los mexicanos…una verdadera revolución social.

¿Hay signos experanzadores para el futuro próximo de la ciudad?

Sí, en su gente, creo que la sociedad no se dejará abatir y espero estar ahí para escribirlo.

¿Cómo consigue compaginar su profesión con su trabajo como madre?

Es difícil, creo que soy más periodista que madre, pero mis hijos me entienden y me apoyan. Saben que mi trabajo es importante, algo importante es que nosotros tenemos una excelente comunicación.

A veces, mi hijo y mi hija se acuestan conmigo en la cama, charlamos, reímos, planeamos, peleamos y nos dormimos abrazados…creo que pocas mamás pueden darse el lujo de tener a sus bebés casi adultos abrazados a su lado y dormir sabiendo que al menos esa noche, ese rato estamos juntos y vivos y nos podemos decir te amo antes de cerrar los ojos.

Dibujo: Valentina Meli

Anuncios