“Se está cuestionando sistemáticamente la violencia de género a través de una falacia”

Médico forense, desde 2008 Lorente es el Delegado del Gobierno para la Violencia de Género.

En un artículo suyo que salió recientemente en Pikara magazine, titulado “El posmachismo está aquí” usted dice que “La reacción crítica contra la igualdad no es muy diferente a la que antes se ha producido al intentar poner fin a los privilegios de sangre, religión o raza”. ¿Qué privilegios considera usted que tiene por ser hombre hoy en España?

Creo que soy un hombre un poco distinto en este sentido…Desde pequeño, me daba cuenta que por ser hijo del medico de un pueblo rural tenia unas ventajas, pero yo no las quería porque no dependían de mí sino de mi circunstancia. Yo quería ser más yo en el sentido de ser uno mas, poder estar en contacto con mucha mas gente, romper con pautas que se suponen por ser hijo del medico, por ser hombre.

Sin embargo sí que los hombres tienen privilegios, y el fundamental es ser hombre en una sociedad desigual. No es tanto el hecho de conseguir determinadas cuestiones sino que todas están diseñadas para que haya hombres que puedan beneficiarse de ellas. Eso no quiere decir que todos los hombres lo hagan ni que lo puedan hacerlo todo, pero ya de por si es un valor añadido, sobre todo por lo que se refiere al concepto de autoridad como referencia. Cuando he ido a hablar de violencia de género mis palabras tenían más peso y credibilidad que las de muchas mujeres que tenían más experiencia y conocimiento que yo.

No asumir determinados elementos de cuidado, de afecto, de preocupaciones de lo mas íntimo, delegarlo todo en la mujer, beneficiarse de ello sin cuestionar nunca porque algo de eso no funcione, me parece una injusticia social que no debemos permitir ni como sociedad ni como hombres. No debe haber ninguna situación en la que el hombre no se tenga que responsabilizar por el simple hecho de serlo.

Usted en su vida privada ¿cómo lo hace para gestionarlo de otra forma?

Yo creo que como hombres debemos renunciar a nuestros privilegios y asumir nuestras responsabilidades. Desde el punto de vista personal no hay nada común con mi mujer que no sea responsabilidad de los dos.

La igualdad debe ser un valor y no solo una operación aritmética. La gente está entendiendo que igualdad es igualación, o sea adoptar una posición similar ante una referencia, que además seria una masculina. La evolución de la sociedad ha tendido a llevar a las mujeres al lugar de los hombres pero no a llevar a los hombres al lugar de las mujeres. Esta situación facilita la igualdad como valor en circunstancias similares, pero si no hacemos un traspaso en el sentido contrario estamos reforzando el modelo masculino y dándole legitimidad. Tenemos que transmitir las referencias femeninas para los hombres y actuar en nombre de la igualdad.

Y ¿es necesario también un cambio paralelo desde lo alto?

Es más, la mayor responsabilidad para conseguirlo como una referencia compartida que no suponga discriminación y rechazo (porque muchas veces te sientes un poco cuestionado como hombre por no compartir tus roles tradicionales) es de las instituciones.

¿Se considera feminista?

Sí, aunque no reivindico el nombre sino el pensamiento y la filosofía que hay detrás.

Otra cosa que dice en el articulo es que “cuando se habla de maltratadores los hombres sienten que la referencia es común a cualquiera de ellos, pero cuando se habla de igualdad piensan que sólo se refiere a las mujeres”. ¿Por qué?

Cuando los hombre oyen hablar de maltratadores saben que en el fondo se está hablando de un paso más de todo lo que es la injusticia de la desigualdad y ante un cuestionamiento de esta normalidad intentan que no se produzca la reflexión. Hay muchos que ejercen su poder en un límite muy cercano a la violencia y se sienten identificados al maltratador, también por el hecho de responder con esa camaradería, a veces tan masculina, para proteger ‘a uno de los nuestros’. La valoración de las mujeres como inferiores les hace sentir legitimados a responder de manera genérica ante las acciones que éstas están dasarrollando, presentándolas como interesadas y contra los hombres.

Gran parte de la solidez del modelo esta en la cohesión que ha habido dentro de la estructura social, en la que las mujeres también han desarrollado su papel como madres y esposas sumisas, sin cuestionarlo. Esto ha permitido naturalizar la desigualdad pero conforme se está modificando la referencia, y esto es lo que el posmachismo ha detectado, se intenta mantener la cohesión entre los hombres por un lado y las mujeres por otro. Ellos atacados por las ellas, y por lo tanto con necesidad de responder de manera hostil.

Escuchándola parece un complot…

Cuando un hombre maltratador hace una estrategia, muy común, de aislamiento, de intentar enfrentar a la mujer con sus fuentes de apoyo externo, de responsabilizarla de todo, no hay ni un manual ni una pagina web común. Pero si un mito en el que las mujeres son malvadas y perversas. Es una respuesta común a muchos hombres sobre un mismo mito, a la vez alimentado por los medios de comunicación, por imágenes en televisión etc.

Como médico usted ha teorizado sobre la violencia de género y  descrito muchas cosas que pasan adentro y alrededor de ella. ¿Cómo ha llegado a ocuparse del tema?

Supongo que tenía esa semilla del niño al que no le gustaban las cosas basadas en la desigualdad, pero fue cuando empecé a trabajar como medico forense que me di cuenta de verdad de lo que pasa. Tuve que reconocer a mujeres que sufrían violencia por parte de sus parejas. Acudían a los juzgados o a las clínicas forenses diciendo ‘mi marido me pega lo normal, pero hoy se ha pasado’. Esa frase la utilice yo para un primer libro (Mi marido me pega lo normal, Editorial Ares y Mares, 2001) porque me impactó mucho como en situaciones tan violentas hubiese sí una critica a la cantidad de violencia, pero no al hecho de sufrirla.

La primera aproximación fue puramente científica para definir esa manifestación como un síndrome, que definí Síndrome de agresión a la mujer, pero después me di cuenta de que detrás había todo un entramado social y cultural que hacía que la violencia hacia las mujeres se reprodujera sistemáticamente, que la respuesta ante ello fuera similar y que incluso la sociedad la minimizara en lugar de tratar de cuestionarla y hacer que no se reprodujera.

Muchas feministas españolas consideran que el hecho de que el ministerio de igualdad sea hoy una secretaría de estado dependiente del ministerio de sanidad, política social e igualdad hace no solo que se asocie el tema a alguna forma de enfermedad sino también que el gobierno tenga ahora menos legitimidad y credibilidad a la hora de tratar temas de genero. ¿Cómo lo ve usted?

Es verdad que no es lo mismo hablar desde un ministerio que hablar desde una secretaría de estado. Fue una decisión dolorosa para un gobierno que había apostado por ello, pero hay que verlo como una situación derivada de unas circunstancias específicas.

La unión con el ministerio de sanidad es de entender en términos de salud pública, o sea que es más saludable para una sociedad tener ciertos valores. Además gran parte de la política para conseguirlo pasa por la detección.

Como se ha mantenido la estructura y el presupuesto, las políticas se van a desarrollar con la misma fuerza e intensidad. Debemos demostrar que la igualdad está por encima de las circunstancias y que los logros son los que van a justificar las políticas que se pongan en marcha.

¿Cuál es la mayor dificultad que encuentra a la hora de llevar a cabo su trabajo de delegado para la Violencia de Género?

El desconocimiento de las raíces de la violencia de género, de la responsabilidad individual para acabar con ella y la resistencia a conocer. Cada año mueren unas 70 mujeres en España y no hay una reacción social ni apoyo a las políticas que van contra ello. Si hubieran sido 70 panaderos o médicos, el país estaría revolucionado.

En 2010 en España han aumentado los casos de muertes por violencia de género en la pareja con respecto al 2009. ¿Es un dato significativo y qué posibles razones hay detrás de ello?

Sí. Los aumentos y descensos ocurren porque hay elementos que inciden sobre la situación. El año pasado ha habido dos referencias fundamentales. La primera, la campaña alrededor de las denuncias falsas, que ha cuestionado a las mujeres y reforzado a los agresores. La segunda tiene que ver con los medios de comunicación. Se está llevando ahora a cabo un estudio sobre un efecto imitación por el que muchos agresores que están pensando llevar a cabo el homicidio se ven reforzados en hacerlo cuando ven casos en los medios, fundamentalmente en televisión.

En 2010 ha habido cinco períodos de concentración durante los que se han producido muchos casos, algo que no había pasado en los anos anteriores.

En su opinión ¿qué tendría que cambiar en la manera de abordar las noticias para que esto no pasara?

No dar información anecdótica, no justificar la violencia diciendo que ha sido un crimen pasional, que él era muy celoso, que estaba con algún tratamiento o había tomado una copa, no normalizar la situación sacando a vecinos que dicen que era un hombre muy simpático, muy buen trabajador y buen padre. Todo esto le quita trascendencia al hecho criminal que se ha producido.

Sí mandar mensajes críticos frente a ese tipo de violencia.

A pesar de que en los últimos tres años el número de denuncias por violencia de género ha crecido un 17%, las renuncias lo han hecho del 46,4%.

¿Quiénes cree que son responsables de este último dato?

Influye mucho el contexto, el cuestionamiento, el no escuchar, cuando ya una tiene su inseguridad por haber estado sometida a violencia, ‘adelante, me tienes a tu lado’ sino ‘piénsatelo bien, vas a poner en la cárcel al padre de tus hijos’. Y la dependencia emocional. Cuando se ha pasado la crisis de la última agresión,  por una distorsión cognitiva de la realidad y por todo lo que produce la violencia, se ven las cosas de otra forma. Y si a todo eso se añade la idea de que la sociedad no se cree que realmente seas una mujer maltratada, aumenta una duda que se traduce en pasividad, incluso en renuncia.

La falta de confianza está también entre los abogados y en general en los juzgados a los que una mujer maltrada puede acudir, ¿no?

Como está en la sociedad en general, por supuesto también afecta a los profesionales.

¿Cómo se traduce?

En el utilizo por parte de algunos despachos de abogados de un artículo de la Ley de Enjuiciamiento Criminal, el 416, que permite que la mujer no declare en contra de su cónyuge para influir sobre ella  para que no siga adelante. Claro que si una con todas sus dudas acude ante un juez y lo primero que le dicen es ‘usted no tiene porque declarar contra su marido, si lo hace esto ya no hay quien lo pare, pero si decide retractarse, aquí no ha pasado nada’, pues evidentemente se hace más difícil continuar pa’lante.

Las denuncias falsas ¿qué porcentaje representan del total de las denuncias por violencia de género?

Hay dos estudios, uno del CGPJ que habla del 0,18 por ciento y otro de la Fiscalía General del Estado que habla del 0,018, un porcentaje inmensamente más bajo que en cualquier otro delito (por robos en domicilio son alrededor del 30 porciento). O sea que se está cuestionando sistemáticamente una realidad como la violencia de género a través de una falacia.

English version

Dibujo: Valentina Meli

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